dimecres, 29 d’agost de 2012

Què és la literatura?


Ahora que no hay nadie mirándome (ya que es infaltable la mirada hueca de los que no saben por qué se sienta una mujer en el escaño de una plaza), puedo tomar nuevamente el cuaderno y leer lo que he escrito.

No interpreto demasiado, pero me gusta solazarme con algunas palabras innovadoras, o frases que reflejan otro asunto, distinto a lo que ellas realmente dicen. Luego me canso, los ojos pican y el sol entra por el túnel de los árboles. Me detengo a mirar a algún muchacho que pasa y sé que él también está preguntándome: ¿qué haces ahí, qué harás mañana?

Garabateo cosas sin sentido, tiendo a tijeretearme quitando letras, dejando consonantes difíciles de pronunciar, injertos de otros abecedarios primitivos, aullidos palatales desde más allá de las estrellas; y el muchacho vuelve al mismo punto de partida, pasa a mi lado con el cigarrillo rozándole los dedos, escondido en ellos como un prestidigitador. ¿Qué haces ahí?, su sonrisa es imperceptible y me envuelve. Yo no distingo sus ojos, por eso los invento y, a medida que se aleja de mí y va al árbol de raíces salientes, para rondarlo y volver a desordenarse el pelo, yo le cambio el color y agrego matices ahora sin nombre.

Me gustaría hablarle o gritarle que ya lo conozco, que también podría caminar a su lado, en silencio, sin perturbar sus sueños, pero me retraigo como una medusa, aceptando mi soledad hecha historia, dejándolo arrimado a un árbol seco y áspero hasta que la noche y sus manos frías lo devuelvan a mi cuaderno, el que en estos momentos abandono aquí, en este escaño, para que él pueda encontrarse mañana.

Alejandra Pizarnik

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